Son los lugares donde comienzan y acaban los viajes y esto les otorga un carácter mágico.
Igual que una embajada es territorio soberano de otro estado distinto al país en que se encuentra, una estación es siempre tierra de nadie, ya que es el principio del camino hacia el lugar de destino, que para cada uno será diferente.
Cuando estás en ellas, estas yendo o volviendo, no estás sin más, por eso mientras las habitas quedas en suspenso en ninguna parte. Dejas de ser tú, en tu entorno y circunstancias, para ser un “viajero”, y viaje es sinónimo de sorpresas, de ilusiones, de aventura, de cambios, de aprendizaje… por lo menos para el viajero, para lo que deja atrás es sinónimo de su ausencia
Es curioso observar a la gente en las estaciones. Los hay cansados, arrastrando las maletas con desgana, en sus caras aturdimiento, quizás nostalgia. Viajeros que vuelven. Volverán a ser ellos al cruzar la puerta, llenarán su ausencia, fin del viaje.
Otros expectantes, emocionados, acaban de deshacerse de su papel diario y se han puesto otro traje en el que aún no saben si estarán cómodos, pero lo esperan confiados. Comienzan su viaje.
Gente con prisa, nerviosos, pierden su tren o no lo ubican. Otros buscando con la mirada amigos o familiares a quienes esperan y besan al encontrar, escuchando las historias que les cuentan tras sus viajes.
Lugares de despedidas y reencuentros, de regresos y de huidas. Lugares de paso que son la puerta de todos los viajes.
A mí las estaciones me producen una sensación especial en el estómago porque durante un tiempo fue el lugar donde me encontraba y me separaba de la persona que más quería, con demasiada frecuencia. En las despedidas el andén se convertía en un abismo que se alargaba durante cuatro horas, hasta llegar a Valencia… Y aunque por suerte ese tiempo pasó, cuando voy a una estación, por un instante vuelvo a sentir ese vértigo.
¿Qué se le va a hacer?, cada uno se traumatiza con lo que puede…
Otra vez me sorprendes, si fuera un editor te contrataría para escribir una columna en el periódico, aunque para medio, éste en el que ya estás, haciendo que el ratito de lectura de tus artículos sea un agradable paréntesis estacional.