Acabó de volver y todavía estoy impresionada de la grandiosidad y belleza de esta ciudad. Caótica, enorme, ruidosa pero ante todo hermosa, majestuosa y esplendida.
Lo mejor, pasear por sus calles sin rumbo y encontrase a la vuelta de una esquina con una fuente imponente, un arco romano, un obelisco egipcio o un monumento del siglo I.
Las plazas más bonitas del mundo están en esta ciudad, la plaza Campidoglio absolutamente perfecta, la plaza Navona con sus fuentes y su mercado de Navidad, la plaza de España con su escalinata llena de gente sentada y como no la plaza de San Pedro, con sus cientos de columnas y la Basílica llena de tesoros y cubierta de estatuas de santos que te miran desde las alturas, en su interior te sobrecoge la delicadeza de la Piedad de Miguel Ángel.
Entrar en los museos de la ciudad es encontrarte de frente con las mejores muestras de la belleza que ha sido capaz de crear el hombre. Desde los Museos Vaticanos donde puedes ver de cerca el Apolo de Belvedere, esbelto y elegante, y a Laoconte en su lucha feroz contra las serpientes, a los Museos Capitolinos desde cuyo balcón contemplar los Foros Imperiales al atardecer.
Puedes pasear por el Foro Romano y por el monte Palatino y descubrir restos de templos romanos, de edificios públicos y tribunales por donde se paseaban los Cesares. Ver el Coliseo, entrar e imaginarte que has hecho un viaje en el tiempo, salir, alejarte y contemplarlo desde lejos para comprobar lo enorme y colosal que es. Un paseo por Roma es un paseo por la Historia.
Su casco histórico es deslumbrante, desde el Panteón extraordinariamente conservado a la Fontana de Trevi, preciosa, adosada a un edificio, en una plaza que queda totalmente inundada por ella y por los turistas que tiran monedas para cumplir la tradición y que con ella se cumpla su deseo de volver a Roma. Yo también quiero volver a Roma, ahora que entiendo porque la llaman la ciudad eterna. Eternamente bella.





Hace muchos años que estuve allí, y ahora al “leer” tu visión de Roma y ver las fotos que has puesto me han entrado más ganas de volver. En su día tiré una moneda a la Fontana de Trevi así que espero que, como dice la tradición, se cumpla mi deseo.